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Al otro extremo de la calle en cuesta, procedente de la Castellana, un automóvil negro surgió sin ruido, haciendo girar su intermitente luz azulada, y comenzó a subir, muy lentamente, en dirección a la pareja. Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico. Pues el muchacho, habiéndola tomado de la mano, cruzaba ahora a buen paso la calzada, como para rehuir el resplandor que salía, junto con varios hombres de continente severo, por la puerta abierta del Club Internacional de Prensa. Loe me llaman un terrorista. Y aun hablar de proyibidos puede ser un delito.

Ella se detuvo, balanceando el bolso con cólera.

Los amores prohibidos | Leopoldo Azancot

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión: A un editor siempre le produce satisfacción presentar una novela de un autor autóctono, en este caso del conocido escritor, crítico literario y comentarista político, Leopoldo Azancot. Yo iba esta noche con un compañero, que ha muerto. Recibe nuestras novedades en libros en tu email. Depende de si me gusta o no el chico. Cogedlo vivo —gritó, para que lo oyeran.

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Responder Cancelar respuesta Introduce aquí tu comentario Al otro extremo de la calle en cuesta, procedente de la Castellana, un automóvil negro surgió sin ruido, haciendo girar su intermitente luz azulada, y comenzó a subir, muy lentamente, en dirección a la pareja. Ella, dueña ya de sí, hizo revolotear sus largas pestañas.

Todos los derechos reservados. Estos son Los amores prohibidos de un joven perseguido por la policía, por razones políticas, que encuentra refugio en el apartamento de una hermosa y extraña prostituta, quien, al descub… A un editor siempre le produce satisfacción presentar una novela de un autor autóctono, en este caso del conocido escritor, crítico literario y comentarista político, Leopoldo Azancot.

Y vosotros —se refería también a los ocupantes del otro coche, que acababan de unírseles— salid corriendo. Claro, como yo vivo al margen de la sociedad, a ti te avergüenza que te vean conmigo. Con esos ojos grises… La luz de los faros del vehículo barrió los cuerpos abrazados. Voy a ver si hay alguien en la portería. Con esos ojos grises…. Y aun hablar de mí puede ser un delito.

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La luz de los faros del vehículo barrió los cuerpos abrazados. En realidad, te encuentro bastante bien. Pues el muchacho, habiéndola tomado de la mano, cruzaba ahora a buen paso la calzada, como para rehuir el resplandor que salía, junto con varios hombres projibidos continente severo, por la puerta abierta del Club Internacional de Prensa.

Leopoldo Azancot – Fragmento de Los amores prohibidos – El baúl de los olvidos

Erótica en bolsillo Narrativa en bolsillo Literatura. Añadir a la cesta. Ellos me llaman un terrorista. Y, como perdiera el equilibrio al hacerlo —sólo a duras penas consiguió evitar que el traspiés se convirtiera en caída—, la ira tiñó su leopkldo, al decir: Mas nadie respondió a su llamada. Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico.

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Al verla allí parada, esperando, creí que era usted… Bueno, ya sabe.